Sentirse orgulloso de uno mismo es un sentimiento positivo, un sentimiento que alimenta nuestra autoestima, una especie de recompensa que nos anima a seguir adelante. Todos tenemos muchas razones y motivos para sentirnos orgullosos, pero en ocasiones tendemos a ver solo lo contrario.
El orgullo no es algo malo, y menos en el contexto laboral. El orgullo sano además de hacernos sentir bien, nos pondrá en su sitio si alguien trata de hacernos sentir que no valemos o que nuestro trabajo es pésimo. En fin, ese tipo de compañeros o superiores que disfrutan minando la moral del otro.
El orgullo puede ser bueno, sentirse orgulloso de la familia que tienes, es bueno, de las cosas buenas que tus hijos han hecho, y es más puede sentir orgullo de ti, por cosas importantes como esfuerzos que has logrado en el tiempo.
Este orgullo es completamente bueno y mejora tu autoestima.
Existe otra clase de orgullo que también es bueno, cuando tocan tu orgullo, como muchos dicen: Y entonces, reaccionas y aumenta tu capacidad; por ejemplo, esto es bien común, tú no lo vas a poder hacer, no te atreverás a realizar eso.
Pero existe una clase de orgullo que no es nada saludable ni beneficioso: El ser una persona orgullosa, o sea, creerse una persona superior de las otras, no quieres admitir tus errores, no pedir disculpas, no dar tu brazo a torcer.